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El hogar debe ser…

EL HOGAR DEBE SER… un pequeño cielo en la tierra, un lugar donde los afectos son cultivados en vez de ser estudiosamente reprimidos. Nuestra felicidad depende de que se cultive así el amor, la simpatía y la verdadera cortesía mutua.

Todo hogar cristiano debe tener reglas; y los padres deben, por sus palabras y su conducta el uno hacia el otro, dar a los hijos un ejemplo vivo y precioso de lo que desean verlos llegar a ser. Debe manifestarse pureza en la conversación y debe practicarse constantemente la verdadera cortesía cristiana. Enseñemos a los niños y jóvenes a respetarse a sí mismos, a ser fieles a Dios y a los buenos principios; enseñémosles a respetar y obedecer la ley de Dios. Estos principios regirán entonces su vida y los pondrán en práctica en sus relaciones con los demás. Sea cada lección de un carácter elevador y ennoblecedor, y las anotaciones hechas en los libros de los cielos serán tales que no nos avergonzaremos de ellas en el juicio.

Los niños que reciban esta clase de instrucción … estarán preparados para ocupar puestos de responsabilidad y, mediante el precepto y el ejemplo, estarán constantemente ayudando a otros a hacer lo recto. Aquellos cuyas sensibilidades morales no hayan sido embotadas apreciarán los buenos principios; estimarán correctamente sus dotes naturales y darán el mejor uso posible a sus facultades físicas, mentales y morales. Esas almas se ven grandemente fortalecidas contra la tentación; están rodeadas de una muralla que no se derribará fácilmente.

La elevación o la decadencia futura de la sociedad será determinada por los modales y la moralidad de la juventud que se va criando en derredor nuestro. Según se hayan educado los jóvenes y en la medida en que su carácter fue amoldado en la infancia por hábitos virtuosos, de dominio propio y temperancia, será su influencia sobre la sociedad. Si se los deja sin instrucción ni control, y como resultado llegan a ser tercos, intemperantes en sus apetitos y pasiones, así será su influencia futura en lo que se refiere a amoldar la sociedad. Las compañías que frecuenten los jóvenes ahora, los hábitos que adquieran y los principios que adopten indican cuál será el estado de la sociedad durante los años venideros.

Mucho depende del padre y de la madre. Ellos deben ser firmes y bondadosos en su disciplina, y deben obrar con el mayor fervor para tener una familia ordenada y correcta, a fin de que los ángeles celestiales sean atraídos hacia ella y le impartan una fragante influencia y paz.

Administrad las reglas del hogar con sabiduría y amor, no con vara de hierro. Los niños responderán con obediencia voluntaria a la ley del amor. Elogiad a vuestros hijos siempre que podáis. Haced que sus vidas sean tan felices como fuere posible. … Mantened blando el terreno del corazón por la manifestación del amor y del afecto, preparándolo así para la semilla de la verdad. Recordad que el Señor da a la tierra no solamente nubes y lluvia, sino el hermoso y sonriente sol, que hace germinar la semilla y hace aparecer las flores. Recordad que los niños necesitan no solamente reproches y corrección, sino estímulo y encomio, el agradable sol de las palabras bondadosas

Dios quisiera que nuestras familias fuesen símbolos de la familia del cielo. Recuerden esto cada día los padres y los hijos, y relaciónense unos con otros como miembros de la familia de Dios. Entonces su vida será de tal carácter que dará al mundo una lección objetiva de lo que pueden ser las familias que aman a Dios y guardan sus mandamientos. Cristo será glorificado; su paz, su gracia y su amor compenetrarán el círculo familiar como un perfume precioso.

Ellen White, El hogar cristiano

¿POR QUÉ JESÚS HA LLEVADO NUESTRA CARNE Y SANGRE?

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en la que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:17)

¿Qué tipo de carne encontramos en este mundo? Exactamente una carne como la vuestra y la mía. En este mundo no hay otro tipo de carne humana, y no ha habido otra desde el momento en que la venida de Cristo se hizo necesaria.
Cuando “la Palabra se hizo carne”, Él fue hecho de la misma carne que la nuestra. No podía ser de otro modo.
Actualmente se razona diciendo que la ley no podía cumplir el plan de Dios, por tanto Dios ha enviado a su hijo, a fin de rebajar la ley, para que la carne pudiera responder a las exigencias de la ley. Pero si yo soy débil y vosotros sois fuertes, y tengo necesidad de ayuda, el hecho de haceros a vosotros débiles como yo, no me ayuda en absoluto. Sigo siendo débil y sin apoyo. Si yo soy débil y vosotros fuertes podéis ayudarme, y vuestra fortaleza me ayuda ciertamente.
La ley es suficientemente fuerte; pero su objetivo no podía alcanzarse a través de la debilidad de la carne. Por tanto Dios ha dado fuerzas a la carne debilitada. Ha enviado a su hijo para cubrir esta necesidad. Por eso está escrito: “Lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó el pecado en la carne” (Romanos 8:3).
El ser humano era sin pecado cuando Dios le creó un poco inferior a los ángeles, (Hebreos 2:7, Salmos:8:5,6). Era una carne sin pecado. Pero el ser humano ha abandonado esta posición y condición y se ha transformado en un ser de carne de pecado. Ahora vemos a Jesús, no como un ser humano cuando era un poco inferior a los ángeles, sino como el ser humano después del pecado, se hizo todavía un poco más inferior que los ángeles. Es ahí donde vemos a Jesús. 1

1 A.T. Jones, General Conference Bulletin, 1895, p232-233

¿LA PROMESA DE UNA NUEVA CARNE?

“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu adoramos a Dios. Y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en las fuerzas de la carne.” (Filipenses 3:3)

La conversión no pone una nueva carne sobre el viejo estado espiritual. No propone dar una nueva carne a la mente antigua, sino una nueva mente a la antigua carne.
La liberación y la victoria no se obtienen eliminando la naturaleza humana, sino recibiendo la naturaleza divina para suavizar y dominar la naturaleza humana.

No se trata de quitar la carne de pecado, sino enviar el espíritu Santo sin pecado, para vencer el pecado y condenarlo, en la carne. (Romanos 8:3)
La escritura no dice: Tened en vosotros esta carne que tuvo también Cristo Jesús, sino que dice “ haya, pues en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús.” (Filipenses 2:5)

La escritura no dice: sed transformados por la renovación de vuestra carne, sino que dice “sed transformados por la renovación de vuestro espíritu.” (Romanos 12:2)
Seremos transformados por la renovación de nuestra carne, pero nos es necesario ser transformados por la renovación de nuestra mentalidad. 1

Un proverbio de origen pagano dice que Dios ayuda a los que se ayudan. La verdad es que Dios ayuda a los que no se pueden ayudar a sí mismos.
“Jehová guarda al sencillo: Estaba yo postrado y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien.” Nadie pide socorro en vano. Cuando el grito se oye, el salvador está cerca; aunque el pecado produce en nosotros la muerte con todo el poder de la ley (Romanos 7:8-10), podemos exclamar “más gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”(1Corintios15:57) 2

1 A.T. JonesReview $ Herald, 18 April 1899
2 E.J. Waggoner The Epistle of Romans, pp124

LA GRACIA PRODUCE EFECTO SI NO LA RESISTIMOS

“Así como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos.
La ley, pues, se introdujo para que el pecado abundara; pero cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia, porque así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reinará por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro ” (Romanos 5:19-21)

¿Cada creyente puede tener suficiente gracia para quedar libre del pecado?: Si, ciertamente. En verdad, todo ser humano de este mundo puede tener suficiente gracia para no pecar. Ha sido dada abundantemente y con ese objetivo.
Si alguno tiene falta de gracia, no es porque no se la haya dado suficiente, sino porque no ha aceptado lo que le ha sido dado. “La medida del don de Cristo” (Efesios 4:7), Cristo mismo en su totalidad, es la medida de “toda la plenitud de la Divinidad corporalmente” (Colosenses 2:9).

La medida infinita de la plenitud de la divinidad es la única cosa que puede expresar la proporción de la gracia que es dada a cada ser humano. La gracia es dada a fin de que no domine el pecado sobre vosotros, porque estáis bajo la gracia. (Romanos 6:14)
Es dada para “la perfección de los santos y “la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12). Esta gracia es dada a cada uno, allí donde el pecado abunda, y aporta la salvación a todo aquel a quien es dada..

Puesto que gracia ilimitada es dada a cada uno, aportando la salvación en toda su extensión y medida ¿como puede ser que haya quien no goce de una salvación ilimitada?. Evidentemente porque no la ha aceptado. ¿Si el pecado continúa dominando, donde reside el problema?: es porque la persona no permite a la gracia actuar, realizando aquello que puede hacer. A causa de la incredulidad la gracia de Dios es frustrada. La gracia ha sido dada en vano ya que no puede hacer progresar al creyente hacia el estado de “hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:7).

La gracia de Dios es absolutamente capaz de cumplir aquello para lo que ha sido dada, si tan solo se la permite actuar.

A.T. Jones, Review $ Herald, 22 September 1896

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